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León XIV sacudió la agenda política de Uruguay: democracia, pobreza, trabajo y un mensaje contra la exclusión

07.11.2026

Ante una multitud reunida en la Plaza Independencia de Montevideo, el Papa reivindicó la tradición democrática uruguaya, recuperó el pensamiento de José Artigas y reclamó que la economía esté al servicio de las personas. En su primer discurso ante las autoridades, puso el foco en la pobreza, el empleo, la salud, la protección de la vida y la responsabilidad de los gobiernos frente a los más vulnerables. Yamandú Orsi destacó las coincidencias en materia de derechos humanos, paz y desarrollo humano integral.

La visita del papa León XIV a Uruguay comenzó con un mensaje que trascendió ampliamente el marco religioso. En su primer encuentro con las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático, realizado el viernes 6 de noviembre en la Plaza Independencia de Montevideo, el pontífice planteó una reflexión sobre el ejercicio del poder, la democracia, las desigualdades económicas y la responsabilidad de las sociedades frente a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad.

Ante unas 30.000 personas, según informó el Vaticano, el Papa eligió un escenario cargado de simbolismo histórico para desarrollar su mensaje: el monumento a José Artigas. Desde allí recuperó un episodio central de la identidad oriental, el Éxodo del Pueblo Oriental de 1811, conocido como la Redota, y encontró en aquella experiencia colectiva una clave para interpretar los desafíos del Uruguay contemporáneo.

La referencia no fue casual. León XIV recordó una de las expresiones más conocidas de Artigas, pronunciada en el Congreso de abril de 1813: «Mi autoridad emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana».

A partir de aquella definición, el pontífice estableció uno de los conceptos centrales de su intervención: la autoridad política no constituye un privilegio de quien gobierna, sino una responsabilidad que nace de la comunidad y debe ejercerse en función del bien común.

En ese sentido, destacó los cuarenta años de democracia ininterrumpida que Uruguay cumplió en 2025 y valoró la continuidad institucional construida a través de gobiernos de distintas orientaciones políticas, elegidos por la ciudadanía. La participación, el respeto por las instituciones y la responsabilidad de los representantes fueron presentados como condiciones indispensables para sostener una convivencia democrática.

LA ECONOMÍA NO PUEDE DEJAR A NADIE AFUERA

Uno de los pasajes más significativos del discurso estuvo dedicado a las desigualdades sociales y a la organización económica. León XIV reconoció la importancia de la creación de riqueza, la inversión y la iniciativa pública y privada, pero advirtió que el desarrollo pierde sentido cuando sus beneficios no llegan efectivamente al conjunto de la sociedad.

«Los frutos han de traducirse también en bienes y oportunidades que alcancen efectivamente a todos», sostuvo.

La afirmación adquirió especial relevancia en un contexto internacional atravesado por transformaciones tecnológicas, cambios en el mundo del trabajo y crecientes tensiones sociales. El Papa insistió en que las personas no pueden quedar subordinadas a los indicadores económicos ni ser consideradas piezas reemplazables de los procesos productivos.

También advirtió sobre la necesidad de garantizar oportunidades laborales, educación y condiciones que permitan a las nuevas generaciones construir un proyecto de vida.

Su planteo incluyó una mirada sobre la pobreza, la falta de empleo, la discapacidad y las dificultades de acceso a la atención sanitaria. En ese marco, recordó su propia experiencia reciente con la enfermedad y agradeció los cuidados recibidos, para señalar que millones de personas carecen de los recursos necesarios para obtener un diagnóstico oportuno o acceder a los tratamientos que necesitan.

La atención sanitaria, sostuvo, debe estar al alcance de todos, independientemente de sus posibilidades económicas.

LA FRAGILIDAD NO RESTA DIGNIDAD

Otro de los núcleos de su intervención estuvo relacionado con la protección de quienes necesitan asistencia. El pontífice retomó las imágenes del monumento a Artigas, donde aparecen mujeres, niños, ancianos y personas que se ayudan mutuamente durante la marcha.

Para León XIV, aquella representación expresa una enseñanza que conserva plena vigencia: una comunidad no puede medir el valor de sus integrantes por su productividad, autonomía o capacidad de valerse por sí mismos.

«Nadie debería llegar a sentirse extraño entre los suyos ni pensar que su ausencia importa menos que su presencia», afirmó.

La frase sintetizó una concepción de la solidaridad que atraviesa el pensamiento social del pontífice. La enfermedad, la soledad, la pobreza y la exclusión no pueden convertirse en motivos de marginación. Por el contrario, deben generar una mayor responsabilidad colectiva y políticas capaces de acompañar a quienes necesitan ayuda.

El Papa también dedicó un tramo de su discurso a la protección de la vida desde sus comienzos, la responsabilidad compartida de madres y padres y las condiciones sociales necesarias para que las familias puedan criar y cuidar a sus hijos.

UN MENSAJE SOBRE EL ESTADO, LA LAICIDAD Y LA CONVIVENCIA

León XIV abordó además una cuestión particularmente significativa para Uruguay: la relación entre la religión, las instituciones públicas y una sociedad plural.

Reconoció el carácter laico del Estado uruguayo y señaló que debe garantizar un espacio de libertad y respeto tanto para creyentes como para quienes no profesan ninguna religión. Al mismo tiempo, defendió la posibilidad de que las comunidades religiosas participen en la vida pública y contribuyan al bien común, sin desconocer la autonomía de las instituciones civiles.

En materia internacional, destacó la vocación uruguaya por la negociación, el arbitraje y la integración latinoamericana. Mencionó expresamente el papel de Montevideo como sede de la Secretaría del Mercosur y sostuvo que, frente a un escenario mundial marcado por los enfrentamientos, el respeto al derecho y la búsqueda de acuerdos constituyen un aporte fundamental.

La paz, en su planteo, no puede limitarse a una declaración diplomática: requiere construir condiciones de convivencia y evitar que las diferencias políticas, culturales o religiosas se transformen en enfrentamientos.

ORSI ENCONTRÓ COINCIDENCIAS EN LA AGENDA SOCIAL Y POLÍTICA

En su discurso de bienvenida, el presidente Yamandú Orsi también puso el acento en la dimensión social de la visita. Recibió al pontífice en el aeropuerto de Carrasco y posteriormente lo acompañó en la ceremonia de Plaza Independencia, donde destacó la posibilidad de reunir a representantes de distintas fuerzas políticas y expresidentes en una misma instancia institucional.

El mandatario señaló que Uruguay todavía enfrenta problemas que no puede aceptar como inevitables, entre ellos la pobreza infantil, las dificultades de salud mental —especialmente entre niños y adolescentes— y la soledad que afecta a numerosos adultos mayores.

Orsi reconoció el aporte histórico de la Iglesia en los barrios, las cárceles y la educación, y recordó su acompañamiento a los perseguidos durante la dictadura.

También destacó las coincidencias con León XIV en materia de derechos humanos, dignidad del trabajo, multilateralismo y solución pacífica de los conflictos. Advirtió, además, sobre los riesgos de una sociedad organizada bajo la lógica de la confrontación permanente y reivindicó el diálogo como herramienta para construir acuerdos.

«Para la humanidad, la paz, el diálogo y la negociación son el único camino posible», sostuvo el presidente.

El encuentro incluyó posteriormente una reunión privada, el intercambio de obsequios y la presentación de las respectivas delegaciones en la sede del Poder Ejecutivo.

UNA VISITA CON PROYECCIÓN REGIONAL

La primera jornada concluyó con el traslado del Papa a la Catedral Metropolitana de Montevideo, donde participó de la celebración de vísperas. La agenda uruguaya continuará con actividades en otros departamentos antes de su partida hacia la Argentina, prevista para el domingo 8 de noviembre.

La visita tiene una dimensión histórica: desde los viajes de Juan Pablo II en 1987 y 1988, ningún otro pontífice había llegado a Uruguay.

Pero su importancia excede el acontecimiento religioso. En su primera intervención pública, León XIV eligió hablar de democracia, autoridad, trabajo, desigualdad, salud y convivencia. Y lo hizo recuperando una figura central de la historia nacional, José Artigas, para vincular la memoria de un pueblo que atravesó dificultades con las responsabilidades del presente.

El mensaje que dejó en Montevideo puede resumirse en una idea: el desarrollo de una sociedad no se mide solamente por su crecimiento económico, sino también por su capacidad de garantizar dignidad, oportunidades y protección a todos sus integrantes.

Una definición que interpela a los gobiernos, a las instituciones y a la sociedad en su conjunto.

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